Había una vez un burro que, durante largos años, había transportado incansablemente sacos de trigo al molino de su amo. Pero el tiempo no perdona, y sus fuerzas comenzaron a flaquear. Al darse cuenta de que su amo planeaba deshacerse de él para no tener que alimentarlo más, el burro decidió tomar las riendas de su propio destino. "Iré a Bremen", pensó con optimismo, "allí mi voz todavía es fuerte y podré convertirme en músico municipal".