CAPÍTULO 1: LA COMPOSICIÓN DEL DESASTRE
Si hubiera sabido que mi búsqueda de la verdad me llevaría al aula de música del colegio San Bonifacio, probablemente me habría rendido en el Capítulo 1 y me habría dedicado a coleccionar sellos. El aula de música es, sin lugar a dudas, el agujero negro de la esperanza auditiva. Imagina, si tienes el valor necesario, a treinta niños de primaria intentando tocar 'El himno de la alegría' en flautas dulces de plástico a las nueve de la mañana. No es música. Es una declaración de guerra contra los tímpanos, una cacofonía que suena como un centenar de delfines resfriados pidiendo auxilio.