CAPÍTULO 1: LA LOGÍSTICA DEL DESCENSO
Nadie te prepara para ser un héroe subterráneo. Los libros de aventuras siempre muestran a los exploradores empacando látigos, brújulas doradas y antorchas. En mi caso, la mochila de exploración constaba de: una linterna con forma de rana cuyas pilas estaban, siendo optimistas, al cinco por ciento de su capacidad; tres paquetes de ganchitos de queso; una cuerda hecha entrelazando cordones de zapatillas de repuesto; y a Nico.
Nico era fundamental. Principalmente porque, si había trampas, él funcionaba como un sistema de alarma natural (basado en sus gritos o sus estornudos por alergia al polvo). Estábamos escondidos detrás de los contenedores de reciclaje orgánico, esperando a que el sol bajara lo suficiente para que la temperatura del patio disuadiera a la Patrulla del Recreo de asomar sus temibles brazaletes fosforescentes.